La otra cara de la moneda

Qué hay detrás de esa foto donde salimos felices, donde el sol está en todo su esplendor, nosotros lucimos enamorados, con un brillo en los ojos y viviendo un momento y que al momento de clickear “PUBLICAR” será el detonante en algunas personas para cuestionarse a sí mismas ¿Y si renunció a todo y me voy a viajar? Todo se lee perfecto, una pareja de enamorados viajando en un vochito por el mundo… Pero como todo en la vida, algunas veces las cosas no son como parecen.

Desde que comenzamos a viajar, nos han hecho muchas entrevistas, entre las preguntas más comunes están: ¿Como inicio el viaje?, ¿El carro se ha descompuesto? ¿De qué viven?, pero hay una en especial que casi nunca hacen ¿Y ustedes se han enfermado alguna vez en el viaje? cuando respondemos con nuestra larga lista se quedan callados, es como si todo el castillo de sueños construidos se derrumbara y volvieran a la realidad para decir: Wow! Yo no podría estar lejos y sentirme así….

Y es que viajar no es nada diferente a la vida diaria, al contrario estás más expuesto a cientos o tal vez miles de situaciones que en un trabajo de oficina nunca te podrían pasar. ¿Cual ha sido nuestro error? VIAJAR SIN SEGURO MÈDICO. Desde que salimos de México mi seguro me dejo de cubrir, Gus jamás se preocupó por sacar uno y decidimos “cuidarnos” pero la verdad es que uno nunca sabe lo que pueda pasar a la vuelta de la esquina, el día de hoy lo entiendo y creanme estando lejos de casa todo se siente más fuerte, todo duele más y claramente todo  es más caro.

Han habido varias enfermedades, algunas que no vale la pena ni escribir… Pero hay otras que son las que te activan ese Pepe grillo de la cabeza para recordarte ¿Porque no compraste un seguro? cuando todo parece mejorar ese Pepe se vuelve a esconder y el viaje continuaba, sin seguro.

Pero ¿Qué es lo que te puede pasar estando de viaje entre selvas, montañas, frío, playa? Y sin fin de ecosistemas que para tu cuerpo puede ser shockeante.
Estando en Guatemala a mi (Cynthia) me dio Influenza, no me dio en la capital o en una ciudad para correr a un hospital rápidamente, ¡No! fue justo en el Lago de Atitlán en un pueblito donde no había doctores en medio de la nada, cuando los primeros síntomas me hicieron caer en cama sin poder moverme ni ver la luz. “Todo va a pasar”, “comiste algo que te hizo daño”, “te va a dar gripa, tranquila” 3 días después me tuve que subir a una lancha rumbo a Panajachel a hacer estudios de sangre para que me dijeran: “Tienes influenza, ve a tu cuarto, descansa, y toma paracetamol si tienes dolor, en unos 10 días estarás como nueva”. Allá iba de regreso al pueblo, con dolores que nunca antes había sentido a quedarme acostada mientras mis articulaciones se recuperaban.

Otro día Gus en medio de la carretera se detuvo y dijo ¡No puedo más! se recostó en la parte de atrás del auto y se quedó quejándose de algún dolor que no sabía describir pero que definitivamente lo podía dejar seguir avanzando, después de rogarle de que fuera al doctor y de explicarle que no era normal que se sintiera así, acepto! y el doctor le dijo: “Usted tiene Salmonelosis” Y no le toco de otra que Medicamentos, reposo y más medicamentos.

Los cambios de clima en lugares muy húmedos le hacen daño a cualquiera, estando en Panamá el aire acondicionado daño seriamente mis pulmones, y después de una tos crónica por 1 mes un día desperté con un dolor en el pecho que nunca antes había sentido, inmediatamente pensé: -Esto no es normal y corrí a un hospital, el diagnóstico fue: Tienes Bronconeumonía. Despertar empapada por la fiebre, no poder dormir bien por tanta tos, dolores de cabeza y congestión hicieron mi peor mes de todos. Eso sí, cada nueva pastilla, cada visita al doctor era muy doloroso al saber QUE NO TENÍA SEGURO MÉDICO y todo lo tenía que pagar yo y Carísimo! La misma enfermedad de Bronconeumonía se complico y me dio una Sinusitis crónica lo que derivó en que de un día para otro despertara con un dolor de frente y de todos los senos paranasales fortísimo. Y después de varios días de intentar controlarla y sacar ese moco por donde fuera sucedió lo que hizo que dijera: ¡Dios, quiero regresarme a México! Un día desperté con un derrame en el ojo enorme. Y obvio me asusto!

Y bueno estas son solo algunas de las más graves, pero bueno, tampoco hay que ser un amante de las aventuras extremas como para no correr riesgos, hemos tenido alergias, muchas pero muchísimas infecciones estomacales, amigdalitis y demás enfermedades que estando en tu país y en tu casa no se sienten tan fuertes como estando en la ruta.

Todo esto normal y es parte del viaje y de la vida, es un error pensar que si en México no me enfermaba, nada grave me va a pasar en otro país. Son situaciones imposibles de predecir y que siempre hay la posibilidad de que sucedan. Todas nos dejan siempre enseñanzas, la mía en la actualidad es la misma de hace 4 años: COMPRA UN SEGURO DE GASTOS MÉDICOS.

¡SÍ! Lo escribo hoy acostada en una cama con el dedo del pie roto, enyesada y cansada después de haber estado todo un día en un hospital público esperando mi turno….. ¡Si, arrepentida de no tener un seguro! Y bueno no todo en las fotos es felicidad, detrás de esas sonrisas esta un pie que no puedo apoyar y que me limita a moverme solo a los puntos necesarios. Ya llegará el día en el que aprenderé a ver por donde camino.

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