De historia maya y cenotes.

La Riviera Maya se caracteriza por esas aguas azul turquesa, arena fina de color blanco, mar caliente y su clima soleado. Venir a la Riviera es pasar la mayor parte de nuestros días recorriendo su litoral, una playa tras otra, deslumbramos con su enorme belleza, pero es precisamente en esta zona donde la cultura maya construyó lo que hoy para la historia es una de las más grandes civilizaciones de todos los tiempos.

Y si ya estábamos aquí instalados, no podíamos pasar de largo por sus grandes ruinas arqueológicas.

Estando en Bacalar nos contaron sobre Kohunlich y sus imponentes estructuras, mascarones y uno de los juegos de pelota mejor conservados. Estuvimos un rato preguntando como poder ir hasta allá, teníamos que ver por nuestros propios ojos esas ruinas de las que todos nos hablaban, y encontramos a Bacalar Adventure Tours  que nos ofreció un tour super completo y además llevarnos al Cenote Azul, era el lugar perfecto para cerrar nuestro recorrido en la laguna, así que lo tomamos y nos preparamos para un viaje lleno de historia y misticismo.

Muy temprano a las 7:50 am pasaron por nosotros en una camioneta, nos llevaron a desayunar y nos adentramos a la selva, después de 65 km de camino, entre los frondosos árboles se abrió la ruta para mostrarnos el gran Kohunlich.

Una de las cosas más curiosas es su nombre, ya que proviene del inglés cohoonridge que significa Corozal o Lomerio de corozas y que era el nombre de un campamento maderero que se ubicaba en la zona, los lugareños lo adaptaron para comenzar a ser conocido como Kohunlich. Aunque la realidad es que nadie sabe el nombre real que usaban los mayas para nombrarlo.

A pesar de que hemos tenido la fortuna de recorrer muchas zonas de pirámides y ruinas nunca antes habíamos visto alguna con el color original. Y fue aquí en Kohunlich donde pudimos sorprendernos con los grandes mascarones de estuco en un rojo hermoso que cubría todo el templo.

En la gran época, este sitio representaba un punto de enlace de comercio entre las ciudades de la Península y las ciudades mayas de Centroamérica, su arquitectura confirmo que en la época perteneció a gente de alto nivel. Fue inevitable comenzar a caminar por los estrechos senderos y hacer volar la imaginación, frente a nosotros estaba una ciudad maya con sistemas de canalización de agua perfectos, que incluso siguen sirviendo en la actualidad. Por su tipo de construcción se puede suponer que esta ciudad fue importante en la cultura maya, hay cerca de 200 montículos inexcavados.

Este lugar fue abandonado como la mayoría de las ciudades mayas, de forma misteriosa, ¿A dónde habrán ido esos millones de personas que día con día Iban a realizar sus rituales, intercambios? ¿Porque habrán abandonado sus hogares todos los mayas que en algún momento llevaron una vida normal como nosotros?

Salimos de estas primeras ruinas con muchas ganas de seguir viendo más, la cantidad de historia que tenemos en nuestro país, siempre sorprendiendo a propios y extraños. A pocos kilómetros de distancia llegamos a una caseta que nos daba la bienvenida a Dzibanché y Kinichná, a pesar de la cercanía con Kohunlich estas ciudades eran más aisladas y mucho más pequeñas, esta zona aún está siendo investigada y excavada, muy cerca se encuentra Lamay que aún está cerrada pero desde el camino puedes apreciar lo que muy pronto será una excelente zona para visitar.

Sorprendidos nos dimos cuenta que éramos los únicos visitantes en todo el lugar, estábamos solos, en medio de lo que alguna vez fue hogar de miles de mayas y que ahora son ruinas intentando contarnos una historia.

Dzibanche significa “escritura sobre madera” por diferentes dinteles de madera con inscripciones calendarias encontradas en la zona, por lo que fue nombrada así. Todos estos dinteles fueron retirados para su conservación.

Y una de las bellezas que más vale la pena recalcar es el juego de pelota que ahí se encuentra, un espacio enorme que durante el recorrido será imposible no quedarse a admirar.

Para terminar nuestro viaje de historia maya llegamos a Kinichná, significa “casa del sol”este nombre fue otorgado por un estuco encontrado ahí con el glifo de Kin (sol o día) que aún podemos ver en la acrópolis.Este lugar está a tan solo 2 km de Dzibanche

Y aunque solo fue una centro de Dzibanche cuenta con una pirámide perfectamente simétrica que te deja con la boca abierta! Han pasado más de 2000 años de su construcción y cada piedra, cada rastro sigue intentando explicar los misterios esta gran cultura.

Con el cuerpo lleno de energía y la cabeza con mil historias decidimos terminar el tour en el cenote azul. Hay cientos de teorías sobre los cenotes, las más famosa es que con la caída del meteorito en Yucatán los cientos de piedras que volaron crearon los miles de cenotes que hay en la zona. La realidad es en nadie puede explicar su origen pero tampoco se puede negar su belleza.

Ya muy cerca de Bacalar comenzamos a ver los colores de la laguna y de pronto el color cambio de un azul turquesa a un azul oscuro, esa fue la gran presentación uno de los cenotes más profundos de la zona.

Son casi 90 metros de profundidad, el cenote azul conecta directo con la laguna de Bacalar y es el paraíso de los buceadores debido a sus aguas claras y los cientos de animales y recovecos que se pueden encontrar.

Que mejor forma de concluir este tour que un buen baño en aguas ancestrales. Un día perfecto para confirmar el orgullo de ser mexicanos y valorar las riquezas de nuestro país.

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