Reto Cotopaxi

Pocas veces Quito esta despejado, siempre hay nubes que nos protege del sol pero al mismo tiempo ocultan al impresionante Cotopaxi, y en los más de 20 días que pasamos en la capital solo una vez se intento asomar el imponente volcán.

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Asombrados aquella única imagen del Cotopaxi decidimos ira buscarlo. Investigamos la ruta, planeamos los días que estaríamos y nos fuimos rumbo al Parque Nacional Cotopaxi. Después de casi dos horas y tomar una desviación que no parecía ser otra cosa más que carretera se empezó a abrir entre nosotros la magia del Páramo. Este lugar se convirtió en nuestra casa durante 6 días y 5 noches en la espera del momento soñado: Ver completamente despejado el volcán

DÍA 1

En cuanto entramos al parque le pregunte al guardia si se había visto el volcán y me dijo que era muy celoso con los que lo visitaban la primera vez pero que tuviera paciencia. Así que tomamos su recomendación y con mucha fé nos adentramos al Parque Nacional Cotopaxi.

El lugar es simplemente imponente, el páramo resulto ser una belleza y nosotros con chamarras, gorros, guantes, orejeras y demás nos preparamos para esos días fríos que nos esperaban.

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La tarde – noche se iba nublando y la niebla se hizo densa muy temprano, al punto de cubrir nuestro vochito y mandarnos a dormir esperando un nuevo día.

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DÍA 2

Dentro del parque hay varias atracciones para visitar y senderos que recorrer. Nuestro segundo día ahí fuimos a la Laguna Limpiopungo y caminamos por su sendero además de admirar al cerro Rumiñahui.

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Mientras tanto al otro lado el Cotopaxi se mantenía oculto.

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Por la tarde hicimos algo de fuego pero ni con eso el frío dejaba de calar hasta los huesos.

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Esa noche la pasamos igual que la primera rodeados de neblina hasta el punto de no ver el cofre del vochito.

DÍA 3

El tercer día pintaba aún peor, desde muy temprano comenzó a llover y el día se veía completamente nublado así que planeamos irnos por unos días a otro lugar y a nuestro regreso poder ver al Cotopaxi.

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SEGUNDA VISITA

DÍA 4

Habían pasado algunos días, nos cercioramos del clima y aunque había indicios de lluvia no podíamos seguir esperando y decidimos regresar, esta vez íbamos más preparados que nunca, con un montón de cobijas y calcetas de lana, estábamos decididos a no movernos del parque hasta no verlo. Pero ese 4 día otra vez permaneció más que oculto.

DÍA 5

Despertamos con la sorpresa de un cielo queriéndose despejar, después de desayunar vimos como todas esas nubes se hacían a un lado y el Cotopaxi comenzaba a formarse en todo su esplendor. No era para menos, nos pusimos felices y tomamos muchísimas fotos.

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Todo el día lo contemplamos, lo observamos y nos enamoramos, no podíamos creer que ese volcán que se encuentra activo fuera tan mágico al verlo.

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Lo mejor vino por la noche, justo cuando comenzaba a atardecer el cielo se comenzó a despejar, el Cotopaxi además nos iba a regalar una vista nocturna.

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Dormimos felices y satisfechos, pero aún así nos íbamos a quedar unos días más para intentar sacar más fotografías.

DÍA 6

El tercer día fue aún mejor y con una mañana muy despejada nos pusimos el reto de subir el volcán. Para lograrlo había que llegar en automóvil hasta el estacionamiento del refugio, esa subida era muy pesada para nuestro vochito por la altura y por la arena suelta así que mejor hicimos dedo para llegar y desde ahí comenzar un ascenso de 200 metros hacia el refugio. ¿200 metros? ¿Cuánto nos podemos tardar?

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El ascenso es relativamente corto pero estar a una altura de más de 4600 msnm, un cuerpo poco aclimatado y con esa inclinación al subir resulto ser complicado. Tardamos aproximadamente 1 hora y media en llegar hasta el Refugio Jose Rivas, nos teníamos que parar muy seguido a descansar, el corazón latía muy rápido y la falta de aire era cada 3 pasos que daba.

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Hasta que por fin llegamos al refugio a una altura de 4864 msnm, descasamos un poco y seguimos por el sendero rumbo al glaciar.

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Esta parte hay que aclarar que fue la más difícil, agua y hielo con unas botas no aptas para ese suelo complico muchísimo el camino, pero al ver que delante de mi iba un señor con su hijo en la espalda me daba fuerzas para continuar esa subida tan pesada.

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Se veía realmente cerca pero la altura nos afectaba muchísimo y se hizo eterno el camino para llegar. Después de unos minutos lo tuvimos frente a nosotros.. esos bloques de hielo inmensos y poderosos. Estabamos con una vista despejada admirando el hielo del volcán.

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El descenso fue más rápido que la subida y al llegar hasta la laguna seguimos admirando el bello paisaje.

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Ese día iba perfecto y para engrandecerlo conocimos a una familia que festejaba el día de la madre y nos invito a comer cabrito y una rica ensalada con ellos.

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Esa misma noche conocimos a unos chicos franceses que viajaban en un camión con una casa perfecta en el interior, nos invitaron a cenar, a comer deliciosas galletas y a calentarnos lejos de la fría noche que hace en ese lugar..

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Y antes de dormir nuestro Poderoso también se fotografió con el Cotopaxi, el motor de nuestro viaje también disfruto el espectáculo.

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El día había sido completamente perfecto así que dormimos agradecidos con lo vivido y listos al día siguiente movernos del Parque.

DÍA 7

Arreglando y guardando todo antes de irnos se acerco con nosotros una perrita que ya tenía los 7 días merodeando a nuestro alrededor, tenía mucho miedo y no dejaba que nos le acercáramos pero cada que le dábamos comida ella iba teniendo un poco más de confianza. En el Páramo esta prohibido que haya perros por el tipo de ecosistema y un guardia nos dijo que si no se salía ellos tenían la obligación de echarla de ahí así que nosotros decidimos subirla al vocho y llevarla hasta la entrada.

Nosotros la intentamos subir pero jamás se dejo, salia corriendo, no podíamos hacer mucho y teníamos un camino que recorrer así que la dejamos y comenzamos a avanzar. No había pasado ni un minuto y la perrita corría atrás del carro, nos deteníamos y se detenía y así sucesivamente, después de una lucha cansada logramos meterla al auto y llevarla con nosotros.

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Era tan bella, tenía tanto miedo de todo y estaba tan flaquita que decidimos llevarla con nosotros y no dejarla ahí sola, por algo nos estaba siguiendo y quería estar con nosotros. Lo pensamos un rato y dijimos: ¡Pues vayámonos con ella a la Laguna Quilotoa!. Y así comenzar una nueva historia con La Lobita.

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Comments

1 comentario
  1. posted by
    N. Lopez
    Jul 1, 2017 Reply

    Súper historia!

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